10 Tips Para Ahorrar Energía

Como ilustra claramente la Teoría de las Cucharas de Christine Miserandino, las personas que vivimos con una enfermedad crónica tenemos una cantidad limitada de energía, representada con cucharas imaginarias.

Hoy les comparto mi lista de estrategias para usar mejor nuestras cucharas en el día a día. ¡Espero que te sirva!

1. Tortuga, sí. Jaguar, no:

 Muévete lento, despacito. Si eres como yo, vas dando zancadas por la vida y te mueves rápido porque ya quieres llegar a donde vas, y ya quieres terminar lo que estás haciendo. Con el tiempo he descubierto que hacer las cosas rápido no me hace más feliz, y además termino cansadísima. En cambio, hacer las cosas lento y con atención tiene su gracia; nos puede hacer sentir más tranquilos y relajados, porque a cada cosa le dedicamos toda nuestra atención y cuidado, con la ventaja añadida de que no quemamos todos nuestros fusibles.

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2. Además, ¿cuál es la prisa?:

Andar con prisas es estresante, y el estrés causa fatiga. Si organizamos nuestro tiempo, nos sentimos más tranquilos y el día nos rinde mejor. Pero incluso si la prisa fuera ‘inevitable’, podemos tomarnos una tableta de “Valemadrina” y relajarnos, que si llegamos a tiempo, bien, y si no, también. Nada es más importante que cuidar de nuestra propia integridad, de nuestra salud. Recordemos que nuestro corazón con Hipertensión Pulmonar ya se esfuerza demasiado. Así que siempre que nos sea posible, podemos aligerar su trabajo.

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3. No es necesario salvar al mundo en un día:

Entiendo, todos queremos lograr cosas, además de los deberes cotidianos. Pero Roma no se hizo en un día. Podemos avanzar en nuestras metas poquito a poquito. A veces se me ocurren tantas cosas que quiero hacer, o siento que tengo tantos pendientes, que mi mente se acelera mucho, y no quiero parar de hacer cosas aunque ya sea hora de dormir. Eso me quita tiempo de descanso. En cambio, si una mañana escribo mis metas y tareas, puedo elegir cuáles quiero cumplir ese día, y cuando llega la noche me siento satisfecha y puedo descansar mejor. Es como subir escaleras, las subimos escalón por escalón, uno por uno, paso a pasito.

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4. Que lo hagan ellos: 

Antes, cuando estaba cansada me importaba muy poco y seguía haciendo todo como una loca. Después de varias recaídas y sustos de hospital, poco a poco me ha ido cayendo el 20 de que si yo no cuido este cuerpo, nadie más lo hará. Los doctores me curan cuando me pongo mal pero… ¿qué necesidad tengo de llegar al hospital en primer lugar? He aprendido a pedir ayuda aunque a veces me de pena o se me dificulte por orgullo. El estado de salud de las personas que están a nuestro alrededor normalmente es mejor que el nuestro, así que para ellos cargar alguna cosa pesada, agacharse a recoger algo, etc., no es un desafío tan grande. Además, ellos en realidad quieren ayudarnos, porque saben de nuestra condición y les importa que estemos bien. ¡Trabajo en equipo!

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5. Dormir una siesta te repone para la fiesta:

Es un decir, y aparte rima, ¡pero funciona! Una siesta (si tenemos tiempo, y ojalá que sí, porque a veces se necesita) nos recarga las pilas aunque sea nada más lo suficiente para poder terminar el día sin parecer zombies.

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6. Disciplina con la medicina: 

Hay que tomar nuestros medicamentos a la misma hora todos los días. Confieso que esto es algo con lo que batallo, pero he comprobado que ser más disciplinada vale la pena, porque cuando me tomo los medicamentos a la hora correcta, me siento mejor, y tengo menos (o cero) efectos secundarios.

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7. Siéntate:

 Cuando tengas la oportunidad, toma asiento. ¿Viendo tele? Siéntate. ¿Comiendo? Siéntate. ¿Platicando? SIT. ¿Haciendo la lista del súper? Siéntateeee. Esto me lo enseñó una prima que es doctora y me estuvo echando un ojo cuando me puse muy mal el año pasado. Cuando traía a su perro (me encantan, y en ese entonces yo no tenía uno) a jugar, ella me traía una silla para que yo pudiera jugar con su perro con mis pompis sobre el asiento. Cuando tengas la oportunidad, ¡siéntate! Así quemas menos cucharas, las cuales podrás usar cuando realmente las necesites

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8. Permiso de estacionamiento: 

Si manejas, y no hay quién lo pueda hacer por ti, saca un permiso de discapacitados para poder estacionarte siempre cerca de la entrada. Hacer esto suele ser difícil para mi porque no quiero tener que lidiar con gente que se me queda viendo, seguramente pensando que me estacioné ahí por floja (porque la HP es invisible a simple vista, y no es como que voy a estar repartiendo folletos sobre HP a todos los que me vean feo… ¿o sí?). En esos casos termino cansándome gratis por no estacionarme cerquita, como debería, sólo porque me dio pena. Pero cuando sí me estaciono en el lugar especial, me hago un gran favor a mi misma; puedo sentir cómo mi cuerpo me lo agradece. La salud es primero. Y si nos estacionamos en el lugar azul, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que alguien nos cuestione? Pensándolo bien, creo que eso sería maravilloso, porque literalmente nos estarían dando la oportunidad de enseñarles sobre una rara enfermedad, o sea que estaríamos haciendo un trabajo de concientización espontáneo. Y si nos ven feo, nos tomamos un atole para que nos corra por las venas. O simplemente, ¡que maneje alguien más y nos deje en la entrada!

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9. Decir no:

A veces me pasa que mi vida social se ve mejor en mi imaginación. A veces sucede que voy a una reunión, y en vez de ser el alma de la fiesta termino siendo más bien la muñeca de trapo de la fiesta, porque me siento cansada, o tengo efectos secundarios de mis medicamentos (dolor de cabeza, náusea, taquicardia) y no logro disfrutar como quisiera. Es bueno y nutritivo pasar tiempo con nuestros amigos y seres queridos, salir a orearnos a algún café o reunión, pero, ¿sabes? nunca a costa de nuestro propio bienestar. A veces es válido decir no y rechazar una invitación, o incluso cancelar planes. Nadie está pasando por lo que tú estás pasando; la energía con HP es muy diferente de la de alguien saludable. Se vale pensar en ti mismo/a y preferir quedarte en casa cuando lo necesites. También, simplemente disfrutar de manera plácida y sin gastar mucha energía; escuchando, riendo, sintiéndote contenta/o con la compañía. Y un día que nos sintamos mejor, aprovechamos y vemos a nuestros seres queridos en un ambiente relajado y agradable.

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10. Sobre ruedas:

Sí, a veces es difícil ir a lugares públicos en silla de ruedas. De las cosas que realmente no me gustan es que la gente me mire con la etiqueta de “Enferma”. Y no es fácil esconder una silla de ruedas, así que llama la atención. Esa es una manera de ver las cosas. Otra manera de ver las cosas es pensar que a nadie le importa. Literalmente todos van en lo suyo y nadie realmente se está fijando en nosotros. Qué cosa tan más liberadora. Si vas a un parque de diversiones en silla de ruedas te brincas todas las filas. Si vas al aeropuerto en silla de ruedas, ¡también! El otro día fui al súper con mi papá y agarré el carrito eléctrico por primera vez. Fue muy divertido. Una semana después fui con mi mamá y me di cuenta de que nadie me mira excepto cuando estoy intentando pasar entre varias personas y tienen miedo de ser atropelladas. Pero sí, ya soy Ale Motorizada, y manejo ese carrito eléctrico como una piloto de la Fórmula 1, excepto que voy como a 10km/h. Y la silla manual, en la que me empujan mis padres o mi prima, o quien esté disponible en el momento, ya casi siempre es parte de mis cosas cuando salgo (como llevar mi bolsa, mis llaves y mi celular) porque nunca sé cuándo se me va a cortar la electricidad (o sea cuándo se me van a acabar las cucharas) y voy a necesitar un empujón literal extra. Y es a todo dar que te lleven a todos lados, y aún más sabiendo que te haces un favor a ti mismo, cuidándote. Los que nos quieren nos amarán con o sin silla de ruedas. Si otros nos juzgan, que sea su problema. Pero probablemente nadie se esté fijando. Así que, vamos a usar esa silla de ruedas, ¿va?

¿Cuáles son tus estrategias para ahorrar energía con Hipertensión Pulmonar?

¡Dinos en los comentarios!

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